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Asignatura: Fundamentos de crítica literaria., Profesor: Maria Rosario Bautista Zambrana, Carrera: Estudios Ingleses, Universidad: UMA
Tipo: Apuntes
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¡No te pierdas las partes importantes!





























































































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'_ • '~ _.J Raman Selden, Peter Widdowson, y Peter Brooker
U¡'··llVERS!DA[) ,l.', L,8F'::HTO ,1,..~u¡:?·rADO B~BL.¡()TE:(':A
3. a edición actualizada
Título original: A Reader . Guide 10 COnlemporwy Liferary Theory. 4th edition
Traducción de: 1.(1 y 2.:1 cd. (corregida): JUAN GABRIEL LÓPEZ GUlX 3.:1 ed. actualizada: BLANCA RIBERA DE MADARIAGA
l." edición: septicmbre de 1987 2:' edición corregida: abril de 1989 3: edición actualizada: octubre de 2001 7.' impresión: septiembre de 2010
© 1985: Raman Seldcll © 1997: Peter Widdowson/Pcter Brooker Esta traducción de A Reader:,' Guide 10 Contemporary Literary Theory. Fourth edition, ha sido publicada con permiso de Pearson Education Limited
Derechos exclusivos de edición en español reservados para todo el mUII<io y propiedad de la traducción: © 1987 Y 2010: Editorial Planeta, S. A. Avda. Diagonal. 662-664 - 08034 Barcelona
Editorial Ariel es un sello editorial de Planeta S. A.
ISBN: 978-84-344-2504-
Depósito legal: B. 26.499 - 2010
Impreso en España por Book Print Digital Botanica, 176- 08901 L'I-Iospitalet de Llobregat
Queda rigurosamente prohibida. sin la autorización escrita de los titulares del copyright. bajo las sanciones establecidas en las leyes. la reproducción tolal o parcial de csk'l obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento inrOnllático. y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos.
(1985) ve la luz en su cuarta edición. Poco después de revi- sar la 2. a^ edición, Raman falleció de forma prematura y trá- gica de un tumor cerebral. Fue una persona querida y su- mamente respetada, no sólo por la notable hazaña de conseguir redactar una obra breve, clara e informativa y al margen de toda polémica sobre una materia tan variada y escollosa. En 1993 apareció la 3. a^ edición, una actualización que debemos a Peter Widdowson. y ahora, producto de su éxito y popularidad ininterrumpidos, ha llegado la hora de poner a punto una nueva revisión de La teoría literaria. Tres años es mucho tiemg~ teoría literaria contem- poránea y el panorama, qué duda cabe, ha sufrido cambios sustanciales. Por esta razón, la obra se ha reescrito de for- ma exhaustiva y en su totalidad -esta vez de la mano de Pe ter Widdowson y Peter Brooker- y se ha vuelto a poner al día la bibliografía. En la 3. a^ edición ya señalamos que, como es natural, el volumen empezaba a tener dos funcio- nes más claramente diferenciadas que cuando Raman Sel- den inició el proyecto tan sólo diez años atrás, a mediados de la década de 1980. Los primeros capítulos se ocupaban de la parte histórica, esbozando los movimientos a partir de los cuales las nuevas tendencias habían cOQrado impul- so y habían sido desbancadas, mientras que los últimos tra- taban de hacer poco caso precisamente de esas nuevas ten- dencias, a fin de poner de manifiesto las coordinadas en las que vivimos y practicamos la teoría y la crítica en la actua- lidad. Esta tendencia se ha acentuado en la: actual versión -materializándose en una nueva reordenación y reestruc- tut-ación- de manera que, prácticamente la mitad del libro,
L
está formada ahora por los últimos cuatro capítulos. La In- trouucción incluye una serie de reflexiones sobre las razo- nes que subyacen a estas revisiones. En la 3." edición. Peter Widdowson recibió la decisiva ayuda de tres asesores: Peter Brooker (actual coautor),
Mulhern. La deuda para con ellos aún perdura -sus con- tribuciones están presentes en varios fragll1entos de la obra-, como también de los autores ya mencionados en los prefacios anteriores. En esta ocasión, los autores están en deuda con otros tres asesores más: Sonya Andermahr e Ian McCormick de Nene College, Northampton, y Lynnette Tur- ner de la U niversidad de Hertfordshire. Los dos primeros contribuyeron de modo inestimable a la redacción del nue-
tima a los capítulos sobre las teorías «feministas)~, «posmo- dernistas» y ({poscolonialistas» que han sido revisadas a fondo. Sin su profundo conocimiento y su percepción críti- ca, esta nueva edición no sería más que una pálida sombra de lo que es. Nuestro más sincero agradecimierito. La anterior edición contenía numerosas referencias a la
por acercar a los estudiantes a estos ejemplos concretos de la teoría en la práctica. Este libro sigue siendo un instru- mento de gran utilidad para tales menesteres y hemos con- servado una bibliografía seleccionada de él (abreviada en las notas a pie de página en PTRL). Pero el volumen que de verdad complementa a esta 4." edición es el que los autores
que es en muchos sentidos un compañero a la medida para
los teóricos que se discuten aquí y tiene remisiones a lo lar-
números de los capítulos importantes).
12 LA TEORfA LITERARIA CONTEMPORÁNEA
anglosajona, esto fue una sorpresa especialmente desagra-
«un nuevo intruso vergonzoso en el lecho del alma mater del doctor Leavis» (Cambridge), especialmente un estructu-
aún más oulré de que ya existía «UDa crítica postestructura-
en las que se encontraba el «(estructuraJisD1o psicoanalítico» del escritor francés Jac;:ques Lacan. Todo lo cual, afirmó en aquel entonces, «DO hacía sino confirmar unos cuantos pre- juicios arraigados». No albergo la menor intención de críti-
decir esto para salirme con la mía-, sino que una coyun-
rece pertenecer ahora de forma irrevocable al pasado oscu- ro y distante. Tal y como atestiguan las últimas páginas de esta introducción, durante los últimos doce años ha tenido lugar un cambio sísmico que ha transformado el mapa de la «teoría literaria contemporánea» y que, por consiguien-
teraria contemporánea. No obstante, hemos conservado -junto con, todo hay que decirlo, una buena proporción de lo que Raman escri- bió originalmente en las primeras ediciones de la obra- un compromiso con muchas de sus ideas originales sobre la necesidad de una guía clara, concisa e introductoria del tema. Hay que añadir que las constantes fisuras y reformas de la teoría contemporánea desde entonces parecen confir- mar la continua necesidad de algún tipo de mapa básico de este escolloso y complejo terreno y la amplia adopción de esta obra en todas las universidades de habla inglesa también parece confirmarlo.
vencido de que las cuestiones planteadas por la crítica lite- raria modern"a". ·son lo bastante importantes como para justificar sem·.ejante esfuerzo de clarificación y porque en aquel entonces muchos lectores no estaban de acuerdo con el habitual rechazo desdeñoso de lo teórico. Por lo menos, deseaban saber con exactitud qué se les pedía que despre-
ciaran. Como Raman, hemos dado por supuestos la curio-
bién que precisa de un mapa descriptivo como guía preli- minar para recorrer el difícil terreno de la teoría por sí mismo. A propósito de esto, también creemos firmemente que las secciones de «Bibliografía seleccionada» al final de cada capítulo, con sus listas de «Textos básicos» y «Lectu- ras avanzadas», forman una parte integrante de nuestro proyecto para familiarizar al lector con el pensamiento que
y al final. no es un sustituto de las teorías originales. Inevitablemente, cualquier intento por redactar un resu- men breve de conceptos complejos y discutibles, al querer decir mucho con pocas palabras, se incurre en simplifica- ciones excesivas, compresiones, generalizaciones y omisio- nes., Por ejemplo, hemos tomado la decisión de que los plan- teamientos basados en premisas de la lingüística omnipre- sente y de las teorías psicoanalíticas están mejor separados a lo largo de diversos capítulos que agrupados en secciones discretas dedicadas a ellos. «La crítica del mito», que cuen- ta con una larga y variada historia e incluye la obra de Gil- bert Murray, James Frazer, cQ¡jr,l. Jung, Maud Bodkin y Northrop Frye, se ha omitido porque nos pareció que no ha- bía penetrado en la corriente principal de la cultura acadé- mica ni popular y tampoco ha desafiado las ideas heredadas tan vigorosamen te como las teorías que examinamos. El ca- pítulo sobre la «Nueva Crítica, el formalismo moral y F. R. Leavis» está situado antes del formalismo ruso, cuando has- ta una rápida ojeada indicará que cronológicamente el últi- mo precede al primero. Esto obedece a que aunque el for- malismo ruso se desarrolló principalmente en las dos segundas décadas del siglo xx, no. tuvo un impacto acusado hasta finales de las décadas de 1960 o 1970, cuando fue re- descubierto de forma efectiva, traducido y puesto en circu- lación por los intelectuales occidentales que formaban par- te de los nuevos nl0vimientos marxistas y estructuralistas de la época. En este sentido, los formalistas rusos «pertenecen» a la última época de su reproducción y fueron movilizados por los nuevos críticos de izquierdas precisamente durante su asalto a la crítica literaria establecida, representada en las
convertido en parte del lenguaje del sentido común. Si pre- tendemos ser aventureros y experimentadores en nuestras lecturas, debemos serlo también en nuestra concepción de la literatura. Podemos considerar que las diferentes teorías literarias plantean diferentes cuestiones acerca de la literatura, desde el punto de vista del escritor, de la obra, del lector o de lo que normalmente llamamos «realidad». Ningún teórico, cla- ro está, admitirá ser parcial y, por lo general, tendrá en cuen- ta los otros puntos de vista en el interior del marco teórico elegido para su enfoque. El siguiente esquema, elaborado
güística, es útil para distinguir los diversos puntos de vista:
EMISOR
CONTEXTO _ MENSAJE CONTACTO CÓDIGO
_ RECEPTOR
Un emisor dirige un mensaje a un receptor, el mensaje utiliza un código (normalmeQ1&.~un idioma que ambos co- nocen), posee un contexto (o «referente») y se transmite por medio de un contacto (un medio, como puede serlo una charla, un teléfono o un escrito). Para nuestros propósitos, podemos eliminar el «contacto»: en efecto, para los teóricos de la literatura no posee un interés especial ya que (excep- to en el caso de las representaciones teatrales) éste si<;mpre se lleva a cabo por medio de la letra impresa. Así, el esque- ma queda del siguiente modo:
CONTEXTO ESCRITOR ----- OBRA CÓDIGO -----^
LECTOR
Si adoptamos el punto de vista del emisor, damos prio- ridad al uso emotivo del lenguaje; si nos centramos en e! contexto, aislamos su uso referencial, etc. De modo similar, las teorías literarias tienden a dar mayor énfasis a alguna función en detrimento de las obras. Si tomamos las princi-
pales teorías objeto de nuestro estudio, podemos colocarlas en el esquema del rnodo siguiente:
ROMÁNTICA HUMANISTA
MARXISTA FORMALISTA ESTRUCTURALISTA
____ TEORÍA DE LA RECEPCIÓN
Las teorías románticas hacen hincapié en la mente y la
las formalistas concentran su atención en la obra en sí
do. En sus formulaciones más brillantes, ninguno de estos planteamientos hace caso omiso de las demás dimensiones de la comunicación literaria: por ejemplo, la crítica mar- xista occidental no sostiene una perspectiva estrictamente referencial de! lenguaje y el escritor, e! público y e! texto se analiz,!n en un marco sociológico general. Sin embargo, vale la pena señalar respecto a lo que hemos esbozado an- teriormente que ninguno de los ejemplos se han tomado de los campos teóricos más recientes del feminismo, postestruc- turalismo, posmodernismo, poscolonialismo y teorías gays, lesbianas u homosexuales. Esto es porque todas estas co- rrientes, en sus diferentes formas, alteran y distorsionan las relaciones entre los términos en el diagrama original y son estos movimientos los que dan cuenta de la escala despro- porcionada del intervalo de doce años existente entre el momento en que Raman Selden empezó e! libro y el mo- mento de su actual revisión. Las tendencias en la teoría y la práctica de la crítica se han diversificado en progresión geométrica desde 1985 y
ria literaria contemporánea trata de explicar esto y lo ates- tigua. Aunque no está demasiado estructurada para indi- car un cambio así, la obra se divide ahora en dos partes diferenciadas. Las teorías que abarcaban la totalidad de las primeras ediciones Qunto con la adición que se realizó en 1993 del cap. J) se han reducido y comprimido en los
para hacer que sean más ligeras, más accesibles y de nue- vo, más actualizadas. Entonces, ¿qué ha ocurrido de especial desde 1985 has- ta hoy en el campo de la «teoría literaria contemporánea»;
ría literaria conten1poránea? Para empezar, «teoría» e inclu- so «teoría literaria» ya no se puede considerar de forma práctica como un cuerpo de trabajo progresivamente emer- gente, desarrollándose a través de una serie de fases defini-
formulaciones, etc. Esto era así a finales de los años de 1970 y a pl'incipios de los años de 1980, aunque, sin duda, nunca fue cierto del todo- cuando parecía haber llegado la (hora de la teoría» y reinaba un ansia, incluso entre los pro- pios y entusiasmados participantes, de que una nueva ma- teria académica, peor, un nuevo escolasticismo -radical y subversivo, sí, pero también potencialmente exclusivo en su abstracción- estaba cobrando forma. Los libros brotaban de las prensas, abundaban las conferencias, los cursos de
geUl; proliferaron los Master of Arts y cualquier concepto residual de «práctica» y de «lo empírico» eran espantosa- mente problemáticos. Esa «hora de la teoría» ya no obtiene -bien porque paradójicamente coincidió con el auge del poder político de la nueva derecha, bien porque, por defi- nición, en un mundo posmoderno no podía sobrevivir en un estado más o menos unitario, o bien porque contenía, como criatura posmoderna que era, los agentes catalizado- res para su propia dispersión, están más allá de poder afir- marse con certeza. Pero ha tenido lugar un cambio- un cambio que ha originado una situación muy diferente a la del campo intelectual cada vez más abstracto y obsesiona- do con sí mismo en el que la edición original de esta obra tan sólo alcanzaba a describir y contener. En primer lugar, la «teoría» singular y capitalizada ha evolucionado con ra-
mutuamente generativas, pero también en controversia pro- ductiva-o En otras palabras, la «hora de la teoría» ha en-
ticas teorizadas, al mismo tiempo conscientes de sus pro-
pios proyectos y que representan formas radicales de ac- ción política, al Dlenos en el dominio cultural. Éste ha sido el caso concretamente de las teorias y prácticas criticas que se centran en el género y la sexualidad y de aquellas que pre- tenden deconstruir las que giran alrededor de Europa y la cuestión étnica. En segundo lugar, dada la escisión teórica pos moderna que hemos sugerido antes, se ha producido un giro de varios grados hacia posiciones y prioridades osten-
ha fracasado»: lo cual, en un irónico guiño pos moderno, quiere decir que «el fin de la teoría» está a la vista. Esto no son de ningún modo los espasmos de Lázaro de la vieja guardia que regresa de entre los muertos, sino la perspecti- va de jóvenes académicos que las han pasado moradas con la teoría y que pretenden desafiar el dominio del discurso teórico en los estudios literarios en nombre de la propia li- teratura -para encontrar un modo de hablar de los textos literarios, acerca de la experiencia de leerlos y evaluarlos-o Puede que la llamada <<llueva estética» sea una de las teo- rías emergentes que deba incluir una futura edición de la presente obra. Sin embargo, volveremos brevemente sobre la cuestión de la «práctica» en:.::~~resente contexto teórico un poco más adelante. Otro de los efectos relacionados con los avatares de la teoría literaria contemporánea en el pasado reciente puede
terario determinado -de una selección acordada de «gran- des obras» que constituyen el punto de referencia para la discriminación del «valor literario» y sin la denuncia de las cuales no puede completarse una educación literaria-o El desafío teórico de los criterios sobre los que se fundamen-
chos tipos «marginales» de producciones literarias y de otra índole cultural hasta la fecha excluidos de ella, ha provoca- do una explosión inmediata de los viejos hechos incuestio- nables y de los nuevos materiales aptos para un estudio se-
prestigio (por ejemplo, Harold Bloom y George Steiner), la tendencia que más hondo ha calado ha sido desplazar los
ya no es claramente monolítica e impresionante (y aun así difícil); y que será puesta en uso y criticada en vez de estu- diada en abstracto y por sí misma. Esta desmitificación de la teoría, por tanto, que ha de- sembocado en la gran pluralidad de prácticas teorizadas pm-a intereses y propósitos específicos, debería permitirnos cuestionarnos más y ser más críticos al respecto. Podría- mos desear preguntal; por ejemplo, hasta dónde podemos forzar el estudio autónomo de la teoría crítica en los cursos universitarios de literatura; si la teoría puede, de hecho, es- tudiarse como si fuera un género filosófico independiente; si puede llegar a haber una teoría universalmente aplicable; hasta qué punto necesitamos conocer la historia filosófica que informa de cualquier postura crítica o práctica antes de adoptarla; si las teorías particulares están ligadas, en efec- to, a tipos determinados de textos o a períodos determina- dos (por ejemplo, ¿se puede aplicar igual la misma teoría al Renacimiento y a la literatura romántica, a un poema y a una novela?); ¿hasta qué punto y con qué justificación «re- escribe}) una posición teórica su objeto de estudio?; todos
creciente frecuencia en libros, artículos y conferencias:
promiso pasivo con ella; cuál es, de forma decisiva, su re- lación con la práctica crítica? Estas cuestiones están en el centro de una política pragmática y estratégica en el terre- no general de los estudios culturales de finales de la déca- da de 1990 y demandan respuestas urgentes sobre si la «teoría» no acabará convirtiéndose en otra «materia» aca- démica relativista y alienante. Los estudiantes tienen que ser capaces de realizar elecciones más informadas y COlll- prometidas sobre las teorías que encuentran, realizar acer- camientos críticos a ellas y desplegar las ideas resultantes en su propia práctica crítica. Como ayuda para este proce-
nea hemos hecho referencias regularmente a su nuevo com-
en el que hemos dedicado una atención más directa a estos tenlas en relación con teóricos específicos que trabajan 50-
bre textos literarios especificos. De ningún lnodo consti- tuye esto un intento de disminuir o negar la fuerza y la im- portancia del trabajo teórico por sí mismo, ni tampoco pre- tendemos promover un nuevo empirismo. Simplemente queremos reconocer que toda la crítica literaria es una práctica teórica y que estar en situación de comprender y movilizar la teoría -ser capaz de teorizar la propia prácti- ca de cada uno- es emancipars~ en el seno de la política cultural del período contemporáneo.
BIBLIOGRAFíA SELECCIONADA
Brooker, Peter y Widdowson, Peter (eds.), A Practieal Reader in Contempormy Literary Theory, Prentice HalllHarvester Wheat- sheaf. Hemel, Hempstead, 1996. Davis, Robert y Sehleifer, Ronald (eds.), Contemporary Literar)' Cri- tieis",: Literary and Cultural Studies: 1900 to the Present, Long- man, Londres y Nueva York, 3: ed., 1994. Lambropoulos, V. y Miller, D. N. (eds.), K, Rven tieth-Century Literary TheOly: An IntraductOlY Antholog)', State University of New York Press, Albany, Nueva York. 1987. Lodge, David (ed.), Twel1tielh-Cenlury Literary Criticism, Longman, Londres y Nueva York, 1972. -, Modem Cristicism and Theory: A Reader, Longman, Londres y Nueva York, 1988. Newton, K. M. (ed.), Twentieth-C€I1tury Literary Theory, Macmillan, Basingstoke, 1988. Rice, Philip y Waugh, Patricia (eds.), Modem Litermy Theory: A Reader, Amold, Londres, 2: ed.;1992. Rylanee, Rick (ed.), Debating Texts: A Reader in Twentieth-CentUlY Literary The01y and Methpd, Open University Press, MUton Keynes, 1987. Selden, Raman (ed.), The Theory o{ CriticiSI1l {ram Plato to the Pre- sent: A Reader, Longman; Londres y Nueva York, 1988. Tallack, Douglas (ed.), Critical Theory: A Reader, Prentiee Hall! Harvester Wheatsheaf, Hemel Hempstead, 1995. Walder, Dennis (ed.), Literature in the Modem World: Critieal Es- says and Documenls, Oxford University Press con la Opeo University, Oxford, 1990.
CAPÍTULO 1
LA NUEVA CRÍTICA, EL FORMALISMO MORAL Y F. R. LEAVIS
Los ORÍGENES: ELIOT, RICHARDS, EMPSON
Los orígenes de la crítica en las tradiciones angloameri- canas dominantes de mediados del siglo xx (aproximada- mente entre los años 1920 a los de 1970) son complejos y muchas veces aparentemente contradictorios -como tam- bién lo son sus posiciones teórica y crítica y sus prácticas-.
poeta y crítico literario y cult1!!1ikl"de nacionalidad británica Matthew Arnold es fuertemente perceptible en ellos -sobre todo el Arnold que propuso que la filosofía y la religión se- rían «reemplazadas por la poesÍa»- en la sociedad moder- na y quien sostenía que la «Cultura» -representando «lo mejor que se ha conocido y pensado en el mundo»- podría montar una defensa humanística contra la «Anarquía» (tér- mino de Arnold) destructiva de lo que F. R. Leavis llamaría más tarde la civilización «tecnológico-benthamita» de las sociedades urbanas e industrializadas. El principal media- dor del siglo xx de Arnold, en los nuevos movimientos crí- ticos, y él mismo la figura ir¡dividual de mayor influencia tras de ellos -británicos o americanos-, fue el estadouni- dense (y naturalizado inglés) el poeta, dramaturgo y crítico T. S. Eliot (véase más adel~riie). Por simplificarlo mucho, lo esencial de las diferentes in- flexiones de la tradición angloamericana -que deriva de las dos fuentes mencionadas más atrás- es una considera- ción profunda, casi reverencial, por las propias obras lite-