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Orientación Universidad
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raman selden, Apuntes de Crítica Literaria

Asignatura: Fundamentos de crítica literaria., Profesor: una alumna, Carrera: Estudios Ingleses, Universidad: UMA

Tipo: Apuntes

2016/2017

Subido el 17/01/2017

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Wakefield, Neville,
Postmodernism: The Twighlinght of the Real
Pluot, Londres, 1990, '
Waugh, Patricia,
Metajiction: The Theory and Practice af Self-Cans_
cious Fiction,
Routledge, Londres, 1984.
Feminine Fiction: Revisiting the Postmodern,
Routledge, Lon-
dres, 1989.
Practising Postmodernism / reading Modemism,
ArnoId, Lon-
dres, 1992.
Wo!mark, Jenny,
Aliens and Others. Science Ficiion, feminism and
Postmodernism,
Prentice Hall / Harvester Wheatsheaf, Heme!
Hempstead, 1993.
CAPÍTULO
9
TEORÍAS POSCOLONIALISTAS
Otro movimiento que recurre a las implicaciones más
radicales del postestructuralismo es el estudio del discurso
colonial o lo que comúnmente se denomina «crítica poseo-
lonial» -aunque deberíamos hacer una advertencia respec-
to a aferrarse demasiado a un nombre para este grupo in-
ternacional
y
variopinto de escritores
y
obras-o El análisis
de la dimensión cultural del colonialismo/imperialismo es
tan viejo como la lucha contra él; esta tarea ha sido un ele-
mento básico de los movimientos anticoloniales de todas
partes. Entró en el orden del día de los intelectuales
y
aca-
démicos metropolitanos como reflejo de una nueva con-
ciencia a raíz de la independencia de la India (1947)
y
como
parte de una reorientación izquierdista general de las lu-
chas del Tercer Mundo (sobre todo en Argelia) a partir de
los años de 1950. La obra de Frantz Fanon
The Wretched of
the Earth
(1961) fue
y
sigue siendo un texto clave inspira-
dor (tuvo un importante prefacio obra del «converso» me-
tropolitano Jean-Paul Sartre). Más tarde, los «estudios pos-
coloniales» asumieron la problemática categoría ideológi-
ca de «literatura de la Cornmonwealth» para surgir en los
años de 1980 como un conjunto de preocupaciones marca-
das por el descentramiento asociado filosóficamente con el
postestructuralismo
y
sobre todo con la deconstrucción (véase
el cap. 7).
La aparición de la crítica poscolonial se ha solapado,
por tanto, con los debates sobre el posmodernismo, aunque
conlleva también una conciencia de las relaciones de poder
entre las culturas de Occidente
y
las del Tercer Mundo, que
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Wakefield, Neville, Postmodernism: The Twighlinght of the Real Pluot, Londres, 1990, ' Waugh, Patricia, Metajiction: The Theory and Practice af Self-Cans cious Fiction,_ Routledge, Londres, 1984. Feminine Fiction: Revisiting the Postmodern, Routledge, Lon- dres, 1989. Practising Postmodernism / reading Modemism, ArnoId, Lon- dres, 1992. Wo!mark, Jenny, Aliens and Others. Science Ficiion, feminism and Postmodernism, Prentice Hall / Harvester Wheatsheaf, Heme! Hempstead, 1993.

CAPÍTULO 9

TEORÍAS POSCOLONIALISTAS

Otro movimiento que recurre a las implicaciones más

radicales del postestructuralismo es el estudio del discurso

colonial o lo que comúnmente se denomina «crítica poseo-

lonial» -aunque deberíamos hacer una advertencia respec-

to a aferrarse demasiado a un nombre para este grupo in-

ternacional y variopinto de escritores y obras-o El análisis

de la dimensión cultural del colonialismo/imperialismo es

tan viejo como la lucha contra él; esta tarea ha sido un ele-

mento básico de los movimientos anticoloniales de todas

partes. Entró en el orden del día de los intelectuales y aca-

démicos metropolitanos como reflejo de una nueva con-

ciencia a raíz de la independencia de la India (1947) y como

parte de una reorientación izquierdista general de las lu-

chas del Tercer Mundo (sobre todo en Argelia) a partir de

los años de 1950. La obra de Frantz Fanon The Wretched of

the Earth (1961) fue y sigue siendo un texto clave inspira-

dor (tuvo un importante prefacio obra del «converso» me-

tropolitano Jean-Paul Sartre). Más tarde, los «estudios pos-

coloniales» asumieron la problemática categoría ideológi-

ca de «literatura de la Cornmonwealth» para surgir en los

años de 1980 como un conjunto de preocupaciones marca-

das por el descentramiento asociado filosóficamente con el

postestructuralismo y sobre todo con la deconstrucción (véase

el cap. 7).

La aparición de la crítica poscolonial se ha solapado,

por tanto, con los debates sobre el posmodernismo, aunque

conlleva también una conciencia de las relaciones de poder

entre las culturas de Occidente y las del Tercer Mundo, que

268 LA TEORíA LITERARIA CONTEivIPORÁi\Ei\

el más festivo, paródico .Yestcticizantc posmodernismo ha ignorado o ha tardado en desarrollar. Desde una perspecti_ va poscolonial, los valores y las tradiciones occidentales del pensamiento .Yla literatura, incluyendo versiones del P05- modernismo, son. culpables de un etnoceuuisrno represivo. Los modelos del pensamiento occidental (derivados, por ejemplo, de Aristóteles, Descartes, Kant, Marx, Nietzsche v

Freud) o de la literatura (Hornero, Dante, Flaubert, T. S.

Eliot) han dominado el mundo de la cultura, marginalizsj.. do o excluyendo las tradiciones y las formas de vida y ex- presión culturales no-occidentales. Jacques Derrida ha descrito la metafísica cccidenm] como «la mitología blanca que reúne y refleja la cultura de Occidente: el hombre blanco escoge su propia mitología, la

mitología indoeuropea, su propio logos, es decir, el 711.ythos

de su idioma, para la forma universal de eso que todavía quiere llamar Razón» y los métodos de la deconstrucción han demostrado constituir una importante fuente de inspi- ración para los críticos poscoloniales. Algunos de los res- tantes argumentos teóricos discutidos en la presente obra -derivados, por ejemplo, de la dialógica de Bakhtin, del

concepto de Gramsci de hegemonía y de los escritos de

Foucault sobre el poder y el conocimiento- han sido tam- bién relevantes para las formas de pensamiento y lectura pos o anticoloniales y la crítica posmoderna de Lyotard de las narrativas y estrategias históricas universalizadoras de la racionalidad occidental también han influido notablemen- te. No obstante, el hecho de que estos modelos tengan su fuente en las tradiciones intelectuales occidentales las con-

vierte en cierto modo en problemáticas. En el caso de Lyo-

tard, por ejemplo, hay irónicamente un empuje totalizador a su «guerra a la totalidad» y a su «incredulidad hacia las narrativas dominantes» y, para algunos, una arrogancia de- masiado característica de la ceguera de los paradigmas oc- cidentales vanguardistas. Linda Hutcheon (1989, y véase más atrás) trata de acla- rar algunas de estas cuestiones trazando una distinción entre los respectivos objetivos y las agendas políticas. Por esta razón, el posmodernismo y el postestructuralismo diri- gen su crítica al sujeto humanista unificado, mientras que

TEORíAS POSCOl.ONTALlSTAS 269

el poscolonialismo busca socavar al sujeto imperialista. Hutcheon afirma que el primero debe "ser sometido» con el fin de que los discursos poscolonial y Feminista puedan ser «los primeros en afirmar una subjetividad negada o ena- jenada". Pero esto es comprometer a las culturas no-occi- dentales (del mismo modo que compromete a las mujeres) a una forma de subjetividad y a una narrativa (reprimida) del individuo y de la autolegitimación nacional característi- cas del humanismo liberal occidental. Evidentemente, el peligro es que los «sujetos coloniales» se confirman en su sometimiento a las formas ideológicas occidentales, que a su vez se confirman a sí mismas en su centralización con- troladora. Ésta es la perspectiva del «orientalisrno. explo-

rado y expuesto por Edward Said (Orientalism, 1978), una

influencia importante en la crítica poscolonial, cuyo traba- jo está motivado por su compromiso político con la causa palestina. El discípulo americano más distinguido de Fou- cault, Said, se ve atraído por la versión nietzscheana de su mentor del postestructuralismo porque le permite ligar la teoría del discurso con las luchas sociales y políticas reales. Al desafiar al discurso occidental, Said sigue la lógica de las teorías de Foucault: ningún discurso está fijado para siem- pre; es tanto causa como efecto. No sólo ejerce poder, sino que también estimula la oposición.

EDWARD SAID

El orientalismo, señala Said, ocupa tres dominios en ex- pansión. En primer lugar, designa la historia de 4.000 años

de las relaciones culturales entre Europa y Asia; en segun-

do lugar, la disciplina científica que producen los especia-

listas en lenguas y culturas orientales desde principios del

siglo XIX; y en tercer lugar, las imágenes a largo plazo, los estereotipos y la ideología general sobre Oriente como el "Otro», elaborado por generaciones de eruditos occidenta- les que han originado mitos sobre la pereza, el engaño y la irracionalidad de los orien tales, como también su repro- ducción y refutación en los debates habituales sobre el mundo árabe-islámico y sus intercambios, sobre todo con

272 Li\ TEORíA LlTERARIi\ COi:TElVIPORAt\FA

sonal desde el archivo del presente. No reclama autoridad

para lo que d ice, pero sin ernbargo tra la de producir un dis-

curso poderoso.

GAYATRI CHAKRAVORTY SPIVAK

Una crítica poscolonial importante, que sigue atenta-

mente las lecciones de la deconstrucción y cuya obra plan-

tea una vez más la difícil política de esta empresa, es Ga-

yatri Chakravorty Spivak, también traductora y autora del

importante prefacio del traductor a la obra ue Derrida

Grammatology (1976). Además de una «ética» de la decons-

trucción no asimilada y desafiante, Spivak se aproxima

también al marxismo y al feminismo, y este riguroso eclec-

ticismo híbrido «antifundaciorialista» es en sí mismo signi-

ficativo, ya que ella no pretende sintetizar estas fuentes,

sino preservar sus discontinuidades -las formas en que se

inducen unas a otras a entrar en crisis-o Se percata de que

aparece como «una anomalía»: a veces se la considera

como una «mujer del Tercer Mundo» y por ende como una

marginada conveniente o una extraña invitada especial, el

eminente profesor americano, pero que sólo está de visita;

otras veces, como una exiliada bengalí de clase media; y

otras, una historia de éxito en el sistema estelar de prime-

ras figuras de la vida académica americana. No se la puede

etiquetar simplemente, individualmente, biográficamente,

profesionalmente o teóricamente como «centrada»; y sin

embargo, ella está, y gran parte de su pensamiento y obra

atiende escrupulosamente a este proceso, a las condiciones

y a la lógica de las formas como los demás la denominan a

ella, como el «otro» o como el mismo. Esto da origen a un

paciente proceso de cuestionamiento y afirmación que a ve-

ces parece retroceder o quedar en suspenso, que provocar

el dar por supuesto en el posicionamiento del sujeto y la de-

nominación o «verbalización» en su terminología, del «Ter-

cer Mundo» según esa misma descripción. En otras pala-

bras, los métodos de Spivak están por encima de cualquier

deconstructivisrno. Como Derrida, está interesada en «cómo

se construye la verdad más que en exponer el error» y C,)]1-

TEORfAS POSCOLONIALISTAS 273

firma que: «la deconstrucción sólo puede hablar en el len-

guaje de la cosa que critica ... Las únicas cosas que real-

mente deconstruye son las cosas con las que uno está ínti-

mamente ligado». Esto lo convierte en algo muy diferente

de la crítica ideológica; corno lo expresó en otra ocasión, la

investigación deconstructiva te permite mirar «las formas

en las que eres cómplice de aquello a lo que con tanto cui-

dado y celo te opones».

La crítica poscolonial en general llama la atención hacia

cuestiones de identidad en relación con historias y destinos

nacionales más amplios; y la obra de Spivak es de especial

interés porque ella ha convertido los desincronizados y con-

tradictorios factores de la etnicidad, la clase y el género que

componen esas identidades en su propia «materia». Señala

esta «difícil situación del intelectual poscolonial» en un

mundo neocolonizado en su propio caso y también en los

textos de las tradiciones occidentales e indios que examina.

Lo que parece aunar estos aspectos de su obra es la estra-

tegia de «negociar con las estructuras de violencia» im-

puestas por el liberalismo occidental: intervenir, cuestionar

y cambiar el sistema desde dentro. Esto significa mostrar la

forma en que una etiqueta como la de «Tercer Mundo» o

«mujer del Tercer Mundo» expresa el deseo de los pueblos

del «Primer Mundo» de otro mundo manejable y cómo un

texto principal de la literatura inglesa necesita de «otro»

para construirse a sí mismo, pero desconoce o no reconoce

esta necesidad. Un ejemplo claro de este último análisis

aparece en la discusión de Spivak de las novelas Iane Eyre,

El mar de los Sargazos y Frankenstein en el ensayo «Three

Women's Texts and a Critique of Imperialism» (las partes

del ensayo que tratan de los dos primeros textos están re-

producidas en A. Practical Reader, cap. 3, sobre Jane Eyre).

Spivak ve en Jane Eyre -por otra parte, un texto clásico del

feminismo angloamericano- «una alegoría de la violencia

epistérnica general del imperialismo»; y en su observación

central lee la última sección de El mar de los Sargaros de

Jean Rhys. donde la novia criolla de Rochester, Antoinettc,

es conducida a Inglaterra y hecha prisionera con el nuevo

nombre de Bertha, como una promulgación de la narrativa

no escrita de Iane Eyre. «Rhys hace que Antoinette se vea a

(^274) LA TEORíA UTERARrA CONTEMPOR}.NEA

sí misma como la Otra, la Bertha de Bronté ... En su Ingla-

terra de ficción tiene que repr-esentar hasta el final su papel,

escenificar la transformación de su "personalidad" en. esa

Otra de ficción, prender fuego a la casa y quitarse la vida.

de forma que Jane Eyre pueda llegar a ser la heroína indi.

vidualista feminista de la ficción británica.»

Un problema que plantea esto es la figura del «subal-

terno» (una categoría para la no elite colonizada, tomada

de Gramsci y representada en la ficción por Antoinette/

Bertha) mudo en las obras de Spivak. Esto es, los oprimi-

dos y los silenciados no pueden, por definición, hablar ni

alcanzar la autolegitimídad sin dejar de ser ese sujeto nom-

brado bajo el neocolonialismo. Pero si los subalternos opri-

midos no pueden hablar por obra de los intelectuales occi-

dentales -porque esto no alteraría el hecho más imponante

de su posición-, ni hablar por sí mismos, aparentemente

no puede existir un discurso no colonial o anticolonial. El

pos colonialismo deconstructivo llega a un callejón sin sali-

da habiendo alcanzado su límite político, cómplice final-

mente con los sistemas a los que se opone, pero que está

«interiormente manchado». Esto podría considerarse como

una consecuencia de aceptar el concepto de la deconstruc-

ción de la «textualidad», aunque Spivak insiste en que, se-

gún Derrida, esto significa más un entramado de indicios y

condiciones constitutivos que simplemente una textualidad

verbal sin fin. Aun así, el crítico pos colonial se mantiene

dentro de la textualidad, comprometido con la «problema-

tización deconstructiva de la posicionalidad del sujeto de

investigación». Sin embargo, en un momento determinado

al menos, en una discusión del «Ne\A?Historicism. (véase

cap. 7), Spivak parece aceptar que hay «algo más» que iden-

tifica la realidad más allá de la producción de signos. Esto

guarda relación con la «narrativa de la producción» del ca-

pitalismo sobre la cual el marxismo ofrece una explicación

global. Sin embargo, Spivak reclama una moratoria para

las soluciones globales e instructivamente describe el mar-

xismo como una «filosofía crítica» sin una política positiva.

«El modo de producción narrativo de Marx», afirma, «no es

una narrativa dominante y la idea de clase no es una idea

inflexible». Es decir, que los textos de Marx se pueden leer

TEORíAS POSCOLONJALISTAS 275

de formas diferentes de las interpretaciones fundamenta-

listas de la tradición marxista. Esto equivale a leer a Marx

a través de Derrida, quizás, pero junto con su oposición al

feminismo liberal individual y a su decidido antisexisrno.

ofrece una serie de interrogantes sobre el poder y el pa-

triarcado capitalista que extiende la deconstrucción de po-

siciones intelectuales occidentales sojuzgadas. (Para un

ejemplo más reciente del complejo entretejido de Spivak

sobre tales corrientes discursivas, véase su lectura de Los

versos satánicos de Salman Rusdie en A. Practical Reader,

cap. 10.)

HOMI K. BHABHA

La modalidad de crítica poscolonialista de Homi Bha-

bha también despliega un repertorio específicamente post-

estructuralista (Foucault, Derrida, psicoanálisis lacaniano y

kleiniano) para sus exploraciones del discurso colonial. El

principal interés de Bhabha está en la «experiencia de la

marginalidad socia]" tal y como se deriva de las formas cul-

turales no canónicas o se produce y legitimiza dentro de las

formas culturales canónicas, Las obras recopiladas bajo el

título The Location of Culture (1994) se caracterizan por su

fomento de las ideas de la «ambivalencia colonial» y el «ca-

rácter híbrido» y por su utilización de términos y categorías

estéticos (mímesis, ironía, parodia, trompe l'oeil) para movi-

lizar un análisis de los términos de compromiso (interjcul-

tural dentro del contexto del imperio. (Véase A. Practical

Reader, cap. 9, para su discusión en la Introducción a esta

recopilación, del Beloved de Toni Morrison.) Para Bhabha,

el «texto rico» de la misión civilizadora está notablemente

escindido, fisurado y agrietado. El proyecto de domesticar

y civilizar a las poblaciones indígenas se basa en las ideas

de repetición, imitación y similitud y en el ensayo «Of Mi-

rnicry and Man: The Ambivalence of Colonial Discourse»

(1984, en 1994). .Bhabha demuestra los rnecanismos (psí-

quicos) de este proceso de «re-presentación» para probar

la «arnbivalencia» de un proyecto que produce súbditos co-

loniales que son «casi lo mismo, pero no del todo»: del

278 LA^ TEORÍA^ LlTERARIA^ CONTEN¡PORANEA

identificar una variedad de discipli nas diversas y di lerentes

como el análisis del discurso colonial, los estudios subali-}.

nos, la política cultural británica, la teoría tercermundista

los estudios culturales alroarncricanos. A partir de esta~

fuentes que rebaten las estrategias analíticas de la «teoría,

poscolonial «canónica» (Said, Spivak, Bhabha) se está desa-

rrollando una rica variedad de obras que argumentan con-

tra las explicaciones del discurso colonial y lo presentan

como una «lógica de la denigración ahistórica y global», in-

sensible a la voz y a la presencia de los colonizados. Benita

Parry (<<Problemsin Current Theories of Colonial Discourse»

1987), Nicholas Thornas (Colonislism Culture, 1(94), Arme

McLintock (Imperial Leather: Race, Genderand Sexuality in

the Colonial Context. 1995) han argumentado que la «teoría»

pos colonial encaja tanto los aspectos históricamente con-

tingentes de la significación y los «nativos como sujeto his-

tórico y agente de un discurso de oposición».

Otro movimiento sugerido en estos debates es la adop-

ción de la idea de una literatura mundial comparativa de

reciente fundación o el uso de términos tales como «rnulti-

culturalisrno» o «cosmopolitanismo» como un avance res-

pecto a las ambigüedades y limitaciones del «poscolonialis-

mo». Sin embargo, cualquier término singular, esencialista

o totalizador, será en estos momentos problemático. Todos

estos términos nuevos que se han sugerido, como también

ocurre con los términos «postestructuralismo», «posrnoder-

nismo» y «poscolonialisrno», dan fe de una crisis contem-

poránea de relaciones de significación y de poder, al menos

dentro de la crítica literaria y cultural. Estos debates pue-

den parecer herméticos y dilatorios, para suspender más

que para promover un cambio, pero al mismo tiempo mues-

tran una predisposición a cuestionar ya trabajar a través de

temas de lenguaje y significado hacia un nuevo discurso

de relaciones literarias y culturales mundiales.

RAZA y ETNIClDAD

«La experiencia de los pueblos inmigrantcs o en la

diáspora», escribe Marie Gillespie (1995), «es esencial en

TEORíAS POSCOLONJAUSTi\S 279

las sociedades contemporáncas.. Respondiendo a este

acontecimiento, los estudios sobre raza y etnicidad han es-

tado en el primer plano de las discusiones recientes que

pretenden articular la experiencia vivida de la posrnodcr-

nidad. La teoría y la crítica literarias han tornado la de-

lantera en esLe punto a los estudios culturales, aunque los

límites entre estas áreas están sintomáticamente difurni-

nadas. Esta obra pretende, en primer lugar, distinguir en-

[re los conceptos de raza y etnicidad y deconstruir las su-

posiciones en el uso de ambos términos de una identidad

nacional fijada, dada naturalmente o unificada. Con esta

finalidad ha desarrollado conceptos que también se exhi-

ben en la teoría poscolonial: uno de ellos es el concepto de

hibridación utilizado por el sociólogo cultural británico

Stuart Hall. La hibridación es una metáfora que hace po-

sible la teorización de la «experiencia negra» como una

«experiencia de diáspora» (tanto en Gran Bretaña como en

el Caribe) y ocupa un lugar preeminente en las estructuras

de doble vertiente o de doble voz que él considera consti-

tutivas de esta experiencia.

El análisis de Hall de las prácticas culturales y estéticas

en la diáspora negra utiliza el concepto-metáfora de «hibri-

dación» tanto para referirse a la complejidad de la «pre-

sencia/ausencia de África» (vno se encuentra por ninguna

parte en su estado puro, prístino», sino «ya fusionado, sin-

cretizado, con otros elementos culturales») y para iluminar

el «diálogo de poder y resistencia, de rechazo y reconoci-

miento», a favor .Yen contra de la dominación de las cultu-

ras europeas. Hall no utiliza el término «diáspora» en el

sentido «imperializador», «hegemonizador» de «tribus dis-

persas cuya identidad sólo puede garantizarse en relación

con alguna patria sagrada a la que tienen que regresar a

cualquier precio, aunque ello signifique empujar a otra gen-

te al mar». En lugar de eso, la experiencia de la diáspora se

define «no por esencia o pureza, sino por el reconocimien-

to de una heterogeneidad y diversidad necesarias; por una

concepción de la "identidad" que vive con .Yen, Y no a pe-

sar de, la diferencia; por hibridación». Hall siempre ha con-

siderado los estudios culturales como una práctica inter-

vencionista y los importantes ensayos «Minimal Selves»

280 LA TEORÍA LITERARIA CONTEMPORÁNEA

(1988) Y «New Ethnicities» (1996) introducen el concepto

de identidad étnica provisional y politizada (comparable al

concepto de Spivak de «esencialismo estratégico») para

combatir al mismo tiempo las irnplicaciones políticamente

quietistas y que flota libre de concepciones más textualistas

de la diferencia, y las asociaciones nacionalistas reacciona_

rias y convencionales del concepto de etnicidad.

La redefinición de Hall de la identidad étnica y su ex-

plicación de la «estética de la diáspora» y de los «intelec-

tuales en la diáspora» han ido acompañadas por obras re-

lacionadas con otras áreas de los estudios culturales (Bell

Hooks, 1991; Gilroy, 1993; Mercer, 1994) las cuales a veces

incluyen, aunque no priorizan, la literatura junto con una

amplia gama de representaciones culturales, a saber pelí-

culas y música.

Los análisis de Paul Gilroy de la «moderna cultura po-

lítica negra» se centran en el carácter doble o «doble con-

ciencia» de la subjetividad negra, haciendo hincapié en que

la experiencia constitutiva de las modernas identidades en la

diáspora es la de estar «en Occidente, pero no ser de él».

Gilroy, como Hall, señala que «el inglés negro contemporá-

neo» se encuentra «entre (al menos dos) grandes complejos

culturales, que han mutado en el curso del mundo moder-

no que los compone y han asumido nuevas configuracio-

nes». Gilroy es coherentemente antiesencialista, pero, igual

que Hall, parece evitar un postestructuralismo de moda no

historicizado: «europeo» y «negro» son «identidades incon-

clusas» para las cuales los pueblos negros modernos de Oc-

cidente no son «mutuamente exclusivas». Para Gilroy, las

culturas «no siempre discurren dentro de patrones con-

gruentes con las fronteras de los estados nación esencial-

mente homogéneos», pero su práctica crítica cuestiona la

popularidad de las teorizaciones del «espacio intermedio» o

de la «criollización, el mestizaje, la hibridación», no sólo

porque estos términos no pierden de vista ideas de limita-

ción cultural y de condiciones culturales comunes, sino

también porque son «formas bastante insatisfactorias de

aludir a los procesos de mutación cultural y de (dis)conti-

nuidad incansable que excede el discurso racial y soslaya la

captura por parte de sus agentes». El «carácter doble» y

TEORÍAS POSCOLONIALISTAS 281

la «mezcolanza cultural» distinguen la «experiencia de los

bretones negros en la Europa contemporánea» y Gilroy

considera la expresión artística negra como «si hubiera des-

bordado de los contenedores que el moderno estado nación

les proporciona». (Para conocer la opinión de Gilroy sobre

la novela Beloved de Toni Morrison, por ejemplo, véase

A Practical reader, cap. 9.)

La idea de «carácter doble» (derivada de las teorizacio-

nes del pionero historiador afroamericano W. E. B. DuBois)

es también un concepto fundamental en la obra del influ-

yente crítico afroamericano Henry Louis Gates Jr. La reco-

pilación de ensayos de Gates, Black Literature and Literature

Theory (1984) fue rompedora desde el punto de vista crítico

y gran parte de su obra de los años de 1980 (como The Sig-

nifying Monkey: a Theory of Áfro-Ámerican Literary criticism,

1988) ofreció un análisis innovador influenciado por la de-

construcción de la literatura afroamericana. En estos estu-

dios, Gates llama la atención sobre los «antecedentes for-

males dobles complejos, los occidentales y los negros» de

las literaturas afroamericanas y reclama el reconocimiento

de la continuidad entre las tradiciones vernácula negra y li-

teraria. En la década de 1980, Gates desarrolló en su obra

un planteamiento crítico que consideraba la literatura negra

como «palimpsesto» y la cual liberaba la «voz negra» para

que hablara por sí misma, retornando a la «literalidad» del

texto negro. Gates defendía la lectura atenta de la literatu-

ra negra en una época en la que «los teóricos de la litera-

tura europea y angloamericana ofrecían críticas del forma-

lismo angloamericano», porque las metodologías críticas

habían «esbozado prácticamente la "literalidad" del texto

negro». Como expresa Gates en su Introducción a la im-

portante compilación de ensayos «Race», Writing and Dif-

[erence (1985), «en una ocasión pensé que era nuestro gesto

más importante para dominar el canon de la crítica, para

iniciada y aplicada, pero ahora creo que debemos mirar

hacia la propia tradición negra para desarrollar las teorías

de la crítica indígena en nuestras culturas».

Sin embargo, posteriormente Gates ha puesto el acento

en la intertextualidad dialógica tanto de las obras negras

«que significan» por sí mismas en la elaboración de una geo-

284 LA TEORÍA LlTEJ,AR1A CONTEMPORANEA

in [he Dark. (1992) expone la doble exclusión o marginali_

zación de la cultura negra de la sensibilidad li teraria blan. ea dominante para la cual la negritud ha sido una «pre- sencia» negada, aunque definidora. Por tanto, igual que Gates y otros, su obra explora el «carácter doble» o «ca- rácter híbrido» de la identidad afroarnericana, en un pro- yecto comprometido con la recuperación de las historias suprimidas y una política cultural comprometida (para una discusión crítica de Beloved de Morr ison, véase A Practical

Reader).

La recopilación de ensayos de June Jordan Civil Wars

(1981) había ilustrado los peligros de «apropiarse. y re-

construir las voces de esas mujeres que no pueden hablar por sí mismas. Durante los años de 1980, la visibilidad y la creciente confianza política de los escritores y críticos nati- vos latinos americanos y de los asiáticos americanos de- sembocaron en afirmaciones y estudios del carácter distin- tivo de estas literaturas, en especial como obras que alen- taban una supresión de los límites y una mezcla de géneros

(véase Asunción Horno-Delgado, Breaking Boundaries: Latina

Writings and Critical Reading, 1989; Paula Gunn Allen, The

Sacred Hoop; Recovering the Feminine in American Indian

Traditions, 1986, y Shirley Geok-lin Lim y Arny Ling [eds.],

Reading the Literatures of Asian America, 1992).

Gran parte de las obras feministas caribeñas escritas en inglés y francés están igualmente preocupadas por resta- blecer la presencia de las mujeres escritoras que han sido sumergidas y eliminadas por el privilegio crítico de sus iguales masculinos. El tema de la «doble colonización» de las mujeres (expresado de forma tan elocuente por Gayatri

Spivak en su ensayo "Can the Subaltern Speak?») repasa y

une diversas tradiciones de crítica feminista poscolonial y trata de desarrollar identidades nacionales y culturales de «nueva ética». Las críticas feministas irlandesas han seña- lado que las escritoras irlandesas se ven obligadas a nego- ciar las mediaciones y violaciones tanto del patriarcado como del colonialismo sobre la subjetividad y la sexualidad. En Canadá, algunas críticas feministas han expresado la opinión de que la designación convencional «escritora étni- ea. (dada a las escritoras cuya primera lengua no es ni in-

TEORÍAS POSCOLONIAUST4S 285

glés ni francés) refuerza una cloble rnarginalización: en base ~~lgénero y a la etnia. La tarea de negociar la forma de des- prenderse de este «doble lastre» informa los proyectos fe- ministas de las mujeres indígenas de Australia, Nueva Ze- landa, la región del Pacífico, África oriental y occidental y de los movimientos feministas de Sudáfrica, confrontados además a causa del perjuicio inflingido a las identidades y

afiliaciones políticas herencia del apartheid.

En cada uno de estos casos puede parecer que la iden- tidad nacional o cultural de determinados escritores y críti- cos se está afirmando como una posición preestablecida o una identidad fundamental para la exclusión de los demás rasgos constitutivos. Pero las cuestiones de identidad y po- sición están consecuentemente problernatizadas en el femi- nismo internacional como en las restantes áreas considera- das más atrás y muy pocas veces hay una llamada a las identidades esencialistas que sea poco atrevida o no se com- prometa. Éstos son temas cruciales a todas luces para las feministas negras culturales y poscoloniales como Trinh T.

Minh-ha (lVomen Native Other, 1989), las cuales están preo-

cupadas porque la categoría genérica «mujer» no sólo «tiende a eclipsar la diferencia dentro de sí misma», sino que con frecuencia garantiza el privilegio blanco. Chandra Talpade Mohanty (<<-ender Western Eyes», 1991) ha señala- do que el discurso feminista no tiene las manos limpias cuando se trata del poder y la construcción del feminismo occidental de la «diferencia del Tercer Mundo» y que con frecuencia se apropia y «coloniza» la «complejidad consti- tutiva que caracterizan las vidas de las mujeres de estos paí- ses». La reivindicación de que el feminismo confronta sus propias hegemonías sexista y racista y reconoce que las identidades constituidas cultural y políticamente son com- plejas y múltiples ha sido durante mucho tiempo una fuer- za impulsora de la crítica feminista negra y anticolonial. Contra las feministas blancas, la raza (y por supuesto la edad, clase, religión y nación) no es un problema «añadido» donde las articulaciones racial y cultural se han «proyecta- do en" la d iferencia sexual. Se coloca el énfasis en las «in-

terarticulaciones- de raza, clase y sexualidad y las «identi-

dades múltiples» forman un vínculo común entre muchas

286 1./\ TEORÍA UrERi\R1A CO'.JIE[vIPORÁNEA

«mujeres de color» y escritoras de la clase trabajadora asiá- ticas, afroarnericanas, negras británicas y aborígenes aus- tralianas, Una estrategia básica ha sido establecer tradiciones dis-

cursivas identificables y separadas a fin de dar voz a la ex-

periencia particular de las mujeres negras y otras (como en

In Search of Our Mothers' Gardens, 1983, de Alice Walker),

Para las mujeres que han estado «ocultas de la historia» simplemente hacer constar y valorar tal experiencia es un~ iniciativa política importante, Igualmente, inspirar «otras» tradiciones culturales (cuentos, canciones, costumbres do-

mésticas), una «poética» de la diferencia (como la poesía de

Sonia Sánchez y las novelas de Bharati Mukherjee) cues-

tiona a la vez las nociones occidentales de la autonomía de la estética y establece y celebra un discurso de las mujeres no incorporadas, La proposición de Donna Haraway (véase más atrás, cap, 8) de que «las «mujeres de color» deberían entenderse como una «identidad cyborg» es una contribución más a una poética y una política de la diferencia, El modelo de Haraway del cyborg como una «subjetividad potente sinte- tizada a partir de las fusiones de identidades externas» se aproxima, en ciertos aspectos, a la idea de Gloria Anzaldúa

de la mestiza (Borderlands/La Frontera: The New Mestiza,

1987), una figura ilimitada y flexible de la feminidad que es

a la vez «culta» e «inculta». Para Anzaldúa: una escritora y

maestra chicana e identificada a sí misma como «mujer de la frontera», la nueva mestiza tolera las contradicciones, ambigüedades y «aprende a falsear culturas»; ella tiene una «personalidad plural» y «opera de un modo pluralista». La obra de la conciencia mestiza es trascender las dualidades: la «respuesta al problema entre la raza blanca y la de color, entre hombres y mujeres, reside en la escisión que se origi- na en el propio fundamento de nuestras vidas, nuestra cul- tura, nuestras lenguas, nuestros pensamientos». La resis- tencia de Anzaldúa a teorizar sobre el sujeto como algo fijado y cultural mente limitado es poner en práctica a tra- vés de SLl alusión al famoso modelo de Virginia Woolf de la hermandad internacional: «Como mestiza no tengo país ... y sin embargo todos los países son míos porque soy la hcr-

TEORÍAS POSCOLONIALlST/\S 287

mana de todas las mujeres o su amante potencial.. (Véase también el cap. 10, sobre las teorías lesbianas y hornose- xuales.) La idea de la unidad transcultural de las mujeres ha sido significante e insistentemente cuestionada por las feminis- tas que no se consideran a sí mismas como parte de las tra-

diciones eurocéntricas culturales y políticas. El importante

posicionamiento de Gayatri Spivak en el feminismo francés dentro de un «marco internacional» le permite articular una profunda crítica no sólo de la crítica feminista angloameri- cana (blanca, de la «Primera Guerra Mundial»), en su etno- centricidad, sino también de la teoría francesa (sobre todo

de About Chinese Women, 1977, de Kristeva) en su predis-

posición a exportar su análisis a diferentes contextos políti- cos sin investigar ni su propia relación con otros feminis- mos, ni su tendencia a abrazar una creencia en el potencial revolucionario de la vanguardia metropolitana. Al pregun-

tarse las cuestiones vitales «no sólo ¿quién soy". sino ¿quién

es esa otra mujer') ¿Cómo la estoy llamando? ¿Cómo me lla- ma ella a mí? ¿Es esto parte de la problemática que estoy discutiendo?», Spivak lanza un debate acerca del posicio- namiento que Cora Kaplan considera (<<Feminist Literary Criticism», 1990) como el resultado en la crítica feminista occidental que se transforma en «más consciente que nun- ca de que tanto la crítica como el texto necesitan entender- se en relación a su posición dentro de la cultura -cualquier práctica nueva de lectura." tiene que ubicarse primero a sí misma y al hacerlo tiene que reflexionar sobre sus limita- ciones y posibilidades para el lector», A esta necesaria autoconciencia se une la idea de Spi- vak del «esencialismo estratégico» (<<Subaltern Studies», 1988, y véase Stuart Hall sobre la identidad, más atrás). Aunque una autocrítica implacable podría parecer un im- pedimento, este concepto permite un reconocimiento de las identidades políticamente constituidas como un «uso estra- tégico del esencialismo positivista en un interés político es-

crupulosamente visible». Tal y como Diana Fuss ha argu-

mentado de forma parecida (Essentially Speaking, 1989),

existe una «distinción importante» entre «"desplegar" y"ac- tivar" el cscncialismo y "caer en" o "incurrir en" el esencia-

290 LA^ l'EORÍA^ LITERARIA^ CONTEMPORANEA

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