El recién nacido tiene características anatómicas y fisiológicas que lo hacen más vulnerable: caja torácica más complaciente, músculos respiratorios menos desarrollados, vía aérea superior estrecha, menor reserva de oxígeno y dependencia del surfactante pulmonar. Estas diferencias explican por qué una obstrucción mínima o una infección respiratoria pueden descompensar rápidamente al lactante, llevando a hipoxemia severa en comparación con el adulto.