Economías exportadoras de materias primas
La inserción de los países latinoamericanos en las nuevas líneas en expansión
del comercio internacional tomó impulso a partir de los años cuarenta del
siglo pasado. En este proceso de inserción se configuran tres tipos de
economía exportadora de productos primarios: a) economía exportadora de
productos agrícolas de clima templado; b) economía exportadora de productos
agrícolas tropicales, y c) economía exportadora de productos minerales. En
coda una de ellas el comercio exterior contribuyó a configurar una estructura
económica particular, cuyas características deben ser tenidas en cuenta en el
estudio de su evolución posterior.
El primer tipo corresponde esencialmcnte a la Argentina y al Uruguay. La
producción agrícola exportable se basó, en este caso, en el uso extensivo de la
tierra y se destinó a competir con la propia producción interna de los países en
rápida industrialización. El uso extensivo de las tierras de buena calidad
perrnite, desde el comienzo, alcanzar eIevados índices de rentabilidad. Por
otro lado, el propio carácter extensivo de esa agricultura y el considerable
volumen de carga que ella genera, exigen la estructuración de un importante
sistema de transporte, lo que tendrá como consecuencia indirecta la rápida
unificación del mercado interno en torno a los grandes puertos de exportación.
Este grupo de países se asemeja a las regiones a que anteriormente hicimos
referencia como configuración de una simple frontera de la economía europea
en proceso de industrialización. Esa frontera, a la cual se trasplanta
inicialmente la técnica agrícola europea, se transformaría en importante centro
creador de nuevas técnicas agrícolas. Tanto la agricultura de grandes espacios
como el transporte, el ensilaje y el embarque en gran escala de cereales, son
técnicas que tuvieron su origen en Estados Unidos. En síntesis, los países del
grupo que estamos considerando, por el hecho mismo de competir con la
producción interna de las naciones de más alto nivel de desarrollo y con las
regiones de reciente poblamiento europeo, que se caracterizaban por un alto
nivel de vida, se integraron desde el comienzo a un sector productivo de la
economía mundial singularizado por un persistente avance técnico. Estos
países presentaron elevadas tasas de crecimiento en toda la fase de expansión
de su comercio exterior.
El segundo tipo, correspondiente a los países exportadores de productos
agrícolas tropicales, congrega a más de la mitad de la población
latinoamericana. En él se incluyen Brasil, Colombia, Ecuador, América
Central y el Caribe, además de amplias regiones de México y de Venezuela.
La inserción de estos países en el comercio internacional se realiza en
competencia con áreas coloniales y con la región esclavista de Estados
Unidos. El azúcar y el tabaco conservarán sus características de productos
típicamente coloniales hasta fines del siglo XIX. Fue la rápida expansión de la
demanda de café y cacao, a partir de mediados del siglo pasado, la que
permitió a los productos tropicales desempeñar un papel dinámico en la
integración de la economía latinoamericana en el comercio internaciorlal,
durante la etapa que estamos considerando. La influencia directa de las
modificaciones estructurales ocurridas en la economía inglesa es mucho
menor, pues el mcrcado inglés continuó siendo profusamente abastecido por
las regiones coloniales de mano de obra abundante y bajos salarios.
Correspondió, en ese caso, a Estados Unidos, y en menor escala a los países
continentales europeos, el papel de centro dinámico. Los productos tropicales,
si bien permitieron poblar importantes áreas, en general tuvieron escasa
significación como factor de desarrollo. Por un lado, sus precios
permanecieron bajo la influencia de los reducidos salarios de las regiones
coloniales que los producían tradicionalmente. Por otro, dadas sus
características, en general no exigieron la construcción de una importante
infraestructura; en muchas regiones se continuaron utilizando los medios de
transporte anteriores. Finalmente, al producirse en regiones incapaces le crear
nuevas técnicas, los productos tropicales tenderán a permanecer en el marco
de las economías tradicionales. Con todo, en ciertas zonas, la agricultura
tropical de exportación llegó a desempeñar un papel importante como factor
de desarrollo. Quizás el ejemplo más significativo sea el de la región
cafetalera de Sao Paulo, Brasil. Las características físicas y químicas de los
suelos propiciaron la plantación extensiva del café. La productividad
relativamente alta de la mano de obra, la magnitud del área plantada y la
utilización de inmigrantes europeos que exigían salario monetario,
favorecieron la construcción de una infraestructura moderna y la creación de
un mercado interno. El carácter especial de este caso adquiere relieve si se
recuerda, que, a fines del siglo pasaclo, el altiplano paulista contribuía con dos
terceras partes a la producción mundial de café.
El tercer tipo de economía, correspondiente a los exportadores de productos
minerales, incluyó a México, Chile, el Perú y Bolivia. Venezuela, como
exportador de petróleo, se integró al grupo en el tercer decenio de este siglo.
El descenso de las tarifas de transporte a larga distancia y la rápida expansión
de las industrias mecánicas, al crear un mercado internacional de metales
industriales, provocaron una radical transformación en la minería
latinoamericana. Por un lado, los metales preciosos, la plata en particular,
perdieron rápidamente significación y, por otro, la producción de tipo
artesanal o semiartesanal fue progresivamente sustituida por la producción en
grandes unidades controladas por capitales extranjeros y administradas desde
el exterior. El crecimiento considerable de la demanda mundial de metales no
ferrosos fue acompañado de un gran progreso técnico en su producción, lo que
permitió o exigió concentrar la producción en grandes unidades. Ese proceso
de concentración, efectuado inicialmente en el principal país productor-
Estados Unidos-tendió a extenderse luego a otras áreas, cuyos productores
locales fueron desplazados por organizaciones americanas dotadas de gran
poder y con la capacidad tecnológica necesaria para tratar minerales de baja
ley. De este modo, el avance de la industria minera de exportación se hizo con
la desnacionalización de la misma y con la implantación de un sector
productivo que, dado su gran avance técnico y elevada densidad de capital,
tendió a aislarse y a comportarse como un sistema económico separado, o
mejor aún, como parte del sistema económico al que pertenecía la matriz de la
unidad productora. El control extranjero de una actividad altamente
capitalizada y que utiliza poca mano de obra, significó desvincular del sistema
económico interno la parte principal del flujo de ingreso originado en esa
actividad. En tales condiciones, su valor como factor de transformación
directa de las estructuras internas se reduce casi a nada. Además, como la
infraestructura creada para servir a las industrias minerales de exportación es,
en general, altamente especializada, las economías externas que resultan de la
misma son escasas o nulas para el conjunto del sistema economico.
Finalmente, al abastecerse de productos especializados obtenidos fuera del
pals y al producir un reducido flujo de salarios, este tipo de actividad en
ninguna parte contribuyó en forma significativa a la creación de un mercado
interno. Sus potencialidades como factor dinámico solamente se dieron a
conocer cuando el Estado se interpuso para obligar a esas empresas a adquirir
dentro del país parte de sus insumos, y para captar, bajo la forma de
impuestos, una parte significativa del flujo de ingresos que tradicionalmente
eran remitidos al exterior.