** CONCEPTO Y APLICACIÓN DE LA ÉTICA EN AMÉRICA LATINA.**
Uno de los temas que interesa a la Filosofía en América Latina es el problema de la Ética y de la Moral. En cuanto marca el comportamiento del hombre y de la mujer no sólo en el ámbito personal sino también social; siendo a la vez, la parte del conocimiento humano que de una u otra manera, interdisciplinariamente con la Antropología y la Política, ha permitido la identificación y comprensión del hombre latinoamericano, hasta el punto de afirmarse que la Filosofía en Latinoamérica es Ética. Por este motivo, la reflexión filosófica de la moral adquiere hoy toda su importancia. Para hablar de Ética, es necesario tratar como fundamento dos aspectos: la Filosofía y la antropología. Primero, para que la Filosofía se dé, tiene que partir de la realidad, de una realidad anterior al concepto filosófico, es decir, de un realismo prefilosófico, que es la posición de todo hombre en este mundo. Partiendo de esa posición el hombre empieza a reflexionar, a meditar profundamente desde su realidad. Es aquí en donde aparece la misión del filósofo en todas las épocas, el filosofar, el pensar profundamente con la mayor fidelidad y entrega posible a su vocación. Antes de hacer Filosofía el filósofo ha elegido moralmente su vida. La clase de Filosofía (y por ende, de ética) que se elige, afirma Fichte, depende de la clase de hombre que se es. Hombre y Filosofía son dos realidades que están unidas por la razón, y que dan sentido al ser humano, a la persona. Pues la Filosofía no es sólo una actitud intelectual, sino una posición ante el mundo y la propia vida. No trata únicamente pseudoproblemas, ni mucho menos, sino que trata problemas auténticos; problemas de la cotidianidad del hombre, sea cual fuere su lugar de origen o de ubicación. Esto es lo que da pie para hablar de Filosofía con perspectiva latinoamericana, una filosofía que parta de nuestros propios problemas, de la autenticidad de nuestra realidad, sin dejar de vista esa universalidad de la Filosofía, ya que el ser filosófico entraña meterse necesariamente en la universalidad de la reflexión la cual nos permite retomar el pensamiento filosófico universal para así dar respuesta a muchos interrogantes que parten de una realidad dependiente, de nuestros pueblos ávidos de liberación, pero inmersos en una falta de identidad cultural encontrándose en el territorio del olvido del ser. Por otra parte, siguiendo nuestra reflexión, tenemos que partir de que nuestro pueblo, nuestra cultura, nuestra realidad, tiene una óptica cristiana, es decir, una manera de ver el mundo diferente a otros pueblos y a otras culturas. Una óptica que impregna todo lo nuestro y por lo tanto también lo filosófico, lo cual no crea incompatibilidad entre fe y razón, para crear una filosofía verdadera. Pero sí, la fe ocupa una órbita deslindada de la filosofía que permite filosofar sin tener en cuenta la fe. Que toda ‘Filosofía verdadera’ sea cristiana, no quiere decir que toda filosofía verdadera tenga un acento cristiano, sino que es compatible con la fe cristiana. Simón reconoce que conservar a la Filosofía libre de toda contaminación ideológica es logro difícil y precario, especialmente en lo que atañe a las cuestiones morales. Como se observará más adelante, en la historia de la Ética, en Sócrates se señala el comienzo de la Ética, apareciendo así un discurso epistemológico diferente a la moral práctica, que tiene como base la reflexión teórica de la moral, las condiciones de su realización adecuada, sobre los valores y fines que la rigen y los criterios que la justifican teóricamente, sobre la fundamentación y alcance del conocimiento moral en la vida humana. Comprendido este tipo de saber, por los filósofos analíticos, como Ética normativa. Pero este apelativo no significa que elabore normas o que consista en un código de reglas casuísticas. Se llama así porque su tarea es suministrar los principios de acuerdo para elaborar unas pautas de acción. También atañe a la Ética responder a las preguntas: ¿Qué es? y ¿Por qué existe una cosa tal como la moralidad de la vida humana? Su respuesta conduce a cuestiones de Filosofía Antropológica ya que el hombre es el ente capaz de vida moral. La Filosofía, como todo quehacer, es ya una tarea ética, una elección y una resolución mantenida a lo largo de la vida, ya que el filósofo y sobre todo el filósofo moral, es el que toma sobre sí, a todo riesgo, el paso de la conciencia y el de la enseñanza de la elección moral libre. Esto y no otra cosa es, en su contexto moral, la Filosofía. Segundo, el ente que permite la aparición de los actos morales y su razonamiento para convertirse en Ética es la persona o ser humano que en un primer momento es el hombre. Y la parte del conocimiento humano que lo estudia es la Antropología. Aunque en esta parte del conocimiento humano se trata al hombre como otro ser de naturaleza animal, aparecen también las diferencias entre uno y otro. Una de estas propiedades distintivas del hombre es su racionalidad que le permite liberarse, tomar sus propias decisiones y ser consciente de ellas, y al mismo tiempo actuar y buscar un fin en las mismas. Lo específico de la persona humana es obrar consciente y libremente por un fin, predeterminar consciente y libremente los bienes que ha de conseguir con su propio obrar. Y estos bienes son los que le permiten al hombre valorar sus actos, de otro modo no podría llevar una vida propiamente humana. Entre estos valores encontramos los valores morales que facultan al ser humano para decidir entre lo bueno y lo malo, por tal motivo podemos agregar a nuestro trabajo las palabras de Henry B. Veatch que nos dice: “Si el hombre no es el creador de los seres, es, por lo menos, el inventor de los valores morales”. Es lo que le concede diferenciarse de los demás seres de la naturaleza, ser un ente diferente, ser personal, tener su propia ‘existencia como esencia del hombre’. Debe ir aprendiendo a compartir en un proceso natural con los demás seres de la naturaleza y con los de su especie; esto ocurre especialmente en su ambiente social, en su comunidad, en la polis, ya que sólo en ésta y mediante ésta, alcanza el hombre la realización de sus más altas potencialidades, de las que lo caracterizan precisamente como hombre, tener una vida espiritual, que constituye en él lo que es más íntimo y propio de su ser de hombre, su libertad, autonomía, igualdad y todo lo que de ellas se sigue que son atributos propios del hombre en virtud de su humanidad. Y esa humanidad que el hombre tiene y que le concede actuar en libertad es la que le lleva a la moralidad. Pero para saber usar la humanidad, y saber actuar como humanos es necesario saber ¿en qué consiste ser humano? Y esto es aclarado por Veatch, cuando dice que, consiste en ejecutar las virtudes intelectuales, porque solo así cabe afirmar que un hombre tenga conocimiento y comprensión; y las virtudes morales porque solo así puede aplicarse el conocimiento a la dirección de la vida, de forma que matice y determine la conducta de cada cual e incluso sus elecciones y preferencias. Esto es lo que le va a permitir realizar un plan, o mejor, ser proyecto, ya que comprender al hombre como proyecto entre lo que ya es y lo que puede ser, surge la posibilidad como aspiración dinámica, creando en él un horizonte de posibilidades; y es el horizonte de posibilidades que le hace al hombre comprenderse a sí mismo como proyecto que constituye un verdadero llamado, y que desde el momento de que el hombre asume su proyección personal hacia un horizonte de posibilidades, este se le revela como otro ser, otredad exigente, un ser que se dice así mismo ‘yo soy’, que es capaz de conocer, de actuar por voluntad, de ponerse fines, de crear normas de comportamiento moral que permitan la reflexión filosófica y la fundamentación Ética o de Ética.