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Tipos de apego en la infancia
1. El apego seguro
Es entre los seis meses y los dos años cuando mayor trascendencia tiene el tipo de vínculo con el que un pequeño está siendo criado. De este modo, si el adulto está en sintonía con el bebé, si es sensible a sus necesidades, si es receptivo y da forma a una interacción consistente y altamente afectiva, estaremos por tanto ante la construcción de un apego seguro.
De entre los distintos tipos de apego, este es el más saludable. A partir de los dos años empezamos a ver cómo ese niño empieza a abrirse al mundo para explorarlo de un modo más independiente, feliz, seguro y https://lamenteesmaravillosa.com/las-personas-optimistas-tambien-necesitan-llorar-vez-cuando/. Ese pequeño se siente validado emocionalmente, además de seguro para relacionarse con lo que le rodea porque cuenta con esas figuras de referencia que están pendientes de él.
2. Apego evitativo
Un niño de dos años en el que predomina un estilo de apego evitativo podría llegar a dos conclusiones. La primera, que no puede contar con sus cuidadores para satisfacer sus https://lamenteesmaravillosa.com/los-cinco-niveles-de-la-jerarquia-de-necesidades-de-maslow/, un pensamiento que siempre es fuente de sufrimiento.
La segunda: si quiere subsistir en su entorno, debe aprender a vivir con un amor deficiente, pobre y casi inexistente. Esas migajas afectivas hacen que se sienta muy poco valorado y que incluso llegue a pensar que lo mejor es evitar toda relación de intimidad.
Experimentar, desde bien temprano, que quienes más deberían amarte son quienes más daño te hacen, implica pasar a toda posibilidad de relación por este filtro: la tendencia será ver cualquier tipo de relación emocional como una fuente de desconsuelos y desilusiones que es mejor evitar.
3. Apego ambivalente o ansioso
Este es otro de los tipos de apego más dañinos y desgastantes que también podemos encontrar. Algunos adultos establecen con sus hijos un vínculo tan inconsistente como defectuoso. A veces, sus respuestas son las apropiadas, sus dinámicas son afectuosas y capaces de nutrir cada necesidad de sus pequeños.
Ahora bien, al cabo del rato, pueden aplicar una interacción tan intrusiva como insensible y poco ajustada. En este caso, los pequeños criados bajo este tipo de apego desarrollan conductas de elevada ansiedad e https://lamenteesmaravillosa.com/la-influencia-de-la-inseguridad-en-la-cooperacion/. Experimentan ansiedad porque no saben qué tipo de respuesta van a tener. Todo ello hace que a menudo, estos pequeños se sientan recelosos y desconfiados y, al poco, actúen con terquedad, rabia y desesperación…
4. Apego desorganizado
El apego tipo D o desorganizado suele tener un origen muy concreto. Hablamos de entornos patológicos, de familias donde se dan dinámicas abusivas, agresivas y de https://lamenteesmaravillosa.com/maltrato-verbal-la-ninez-deja-huella/ físico o emocional. De este modo, cuando un pequeño experimenta estas amenazas queda atrapado en un eterno dilema.
Por un lado está su instinto de supervivencia: sabe que ese entorno no es seguro para él. Sin embargo, no conoce otra cosa, no tiene acceso a otro entorno, a otras figuras afectivas y por tanto, sigue unido a esos mismos padres que no están ejerciendo de forma correcta sus responsabilidades. Todo ello tendrá sin duda un severo impacto en su desarrollo social, emocional, cognitivo…
Tipos de apego en la edad adulta
Fue a finales de los años 80, cuando los psicólogos Cindy Hazan y Phillip Shaver aplicaron la teoría de Bowlby al campo de las relaciones en adultos. Lo hicieron después de varios años de investigación para concluir con un dato más que interesante y que de algún modo, todos sospechamos desde hace tiempo. El tipo de crianza que recibimos en nuestra infancia, determina en gran parte de los casos, en el modo en que construimos nuestras relaciones afectivas.
Es más, gracias a este trabajo y a la muestra poblacional que analizaron estos psicólogos durante cerca de diez años, pudieron delimitar y describir los distintos tipos de apego en la edad adulta. Son los siguientes.
5. Personalidad segura
Las personas que formaron vínculos seguros en la infancia con sus progenitores, tienen una mayor probabilidad de establecer patrones de apego seguros en la edad adulta. Ello se traduce en las siguientes dimensiones psicológicas.
- Mayor https://mejorconsalud.com/5-consejos-para-mejorar-la-autoestima/ y seguridad en sí mismos para establecer relaciones sólidas.
- Tienen una visión positiva de sí mismos, y ello les ayuda a buscar parejas afectivas con las que construir vínculos igual de seguros, positivos y significativos.
- Sus vidas son equilibradas: valoran su independencia y a su vez, la importancia de establecer relaciones cercanas, fuertes y felices.
- Son personas solitarias, perfiles que ven las relaciones (ya sean de amistad o afectivas) como lazos de poca trascendencia. Desconfían, no se abren emocionalmente, son esquivas e incapaces de satisfacer las necesidades de los demás.
- Son frías, cerebrales y hábiles a la hora de reprimir sus sentimientos. Su respuesta típica cuando hay algún problema, conflicto y discrepancia es casi siempre la misma, no responsabilizarse, poner distancia y huir.
- Crecer con un tipo de apego ambivalente/ansioso respecto a nuestros progenitores también puede moldear nuestra personalidad adulta. Es común que desarrollemos cierta inseguridad, una elevada autocrítica, baja autoestima…
- Asimismo, en el campo relacional es habitual que surjan a su vez grandes dificultades. Se busca (y necesita) la aprobación de la pareja afectiva. Tememos perderla, tenemos la sensación de que a la mínima nos rechazarán, que seremos traicionados, etc.
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